A 90 DÍAS: El dolor de Holanda
Si hay un equipo que es el denominado “casi casi” o “eterno segundón” o “ahora sí que lo logran”, es Holanda.
Siempre marca presencia en los mundiales, sus jugadores son calificados unos cracks y la selección al momento de mostrar su alineación hace temblar hasta a las oncenas más poderosas del orbe.
La mítica Naranja Mecánica no logró levantar la copa, tampoco la dorada generación de Gullit, Van Basten, Rijkaard y compañía, en Francia se quedaron en semifinales a manos de Brasil y para Japón y Corea no lograron superar la fase clasificatoria.
Ahora presentan una mezcla interesante de experiencia y juventud, con jugadores pilares en clubes de Inglaterra, España e Italia.
Pero pareciera que si hay algo que le pesa a la selección holandesa es el cartel de favorita. Nunca le ha acomodado y nunca le acomodará, es de esperar que ahora que conforma un grupo denominado de la muerte junto a Costa de Marfil, Argentina y Serbia y Montenegro, pueda dejar atrás la imagen de aspirante al primer lugar y cumpla con la meta que jugadores que quedaron en la memoria, pero en la historia, no pudieron concretar, el título.
No será fácil por fútbol y menos por la ya odiosa eterna comparación que los comentaristas, periodistas e hinchas siempre hacen al momento de pararse once holandeses en el césped... “no es igual a la Naranja Mecánica”.
Naranja Mecánica hubo una y ya no habrá más, dejemos que los nuevos valores no tengan que lidiar con un estigma obtenido en otro escenario, en otro fútbol, con rivales de distinto nivel, con otro ritmo, con distintas reglas... ¡¡¡hasta con distinta pelota y distintos arcos de fútbol!!! (antes eran de madera y con terminaciones en ángulo recto, ahora son tubos de metal).
El fútbol holandeses batalla por obtener un sello, un sello que ni en su liga se nota, pero sin duda que la calidad de sus jugadores es indiscutible y que en Alemania 2006 pueden obtener algo si es que se acogen a la principal idea del fútbol: juego en equipo.
