El 12 de julio de 1998, Francia despertó con hambre de un título, pero a la vez con el temor de enfrentar al scratch en una de las instancias que para ellos ya eran familiares, de hecho buscaban mantener la Copa del Mundo en sus manos.
Las tribunas del estadio de Saint Denis estaban repletas y las dudas comenzaron a aparecer en Brasil cuando se informó que Ronaldo no estaría entre los titulares seleccionados para ir por el máximo trofeo, sin embargo el goleador apareció en el pasto capitalino.
El partido empezó con algo de nervio, Francia llegaba con mayor claridad pero en cada uno de los ataques queda al descubierto la impericia y torpeza del delantero galo Guivarch, hasta que apreció la cabeza de Zinedine Zidane.
Dos certeros cabezasos le entregaron la ventaja a los locales, el primero al minuto 27 y el segundo a los 46. La celebración había empezado.
el resto del partido fue una cadena de intentos de Brasil por obtener un descuento, pero la batalle fue en vano y a los 90 minutos Petit puso el tercer gol galo en el tablero marcador con un certero contragolpe, en las tribunas Platini y Chirac celebraban la victoria.
Así se unía Francia a la selecta lista de campeones del Mundo, un privilegio que quizás merecía con anterioridad, en España 1982 o México 1986, pero llegó en otro momento y se disfrutó en todas las ciudades francesas y entre los amentes del juego en conjunto que desarrollaron los bleus en 1998.