El 24 de junio de 1990 el ambiente de lucha se respiraba en Milán, Alemania y Holanda se enfrentaban en Octavos de Final de la Copa del Mundo en el estadio Giuseppe Meazza. Un partido que quedaría en la historia de los mundiales.
La previa del encuentro se comenzó a escribir en la Eurocopa de Alemania 1988, ambas selecciones con alineaciones muy similares a las de 1990 se enfrentaron en la semifinal de dicho certamen, los locales eran favoritos, pero quedaron fuera a manos de los naranjas, que se alzaron con el trofeo en dicho año.
Con ese partido en la retina y en la memoria de los fanáticos, los germanos no querían ser eliminados nuevamente por sus anteriores verdugos, además la rivalidad se había acentuado en Italia, Rijkaard, Van Basten y Gullit defendían al AC Milán, mientras que Brehme, Matthaeus y Klinsmann al Inter de Milán.
Las tribunas estaban completamente divididas, las banderas y aplausos hacían presagiar un encuentro cerrado y fuerte, con escasas oportunidades de gol.
El árbitro argentino Juan Lostau dio el pitazo inicial y comenzó una serie de jugadas al límite del reglamento, insultos, golpes no cobrados y roces excesivos entre ambas escuadras.
Como símbolo del juego sucio quedó la disputa entre Rudi Voller y Frank Rijkaard, ambos jugadores chocaron en varias ocasiones, hasta que en un faol cerca del área de Holanda el tulipán escupió al germano, situación que no fue percatada por el referee, lo que calentó más los ánimos hasta que se produjo el choque entre el delantero teutón y el portero holandés Van Breukelen, Voller en el suelo, Rijkaard tirándole la oreja y la inmediata reunión entre varios jugadores, con empujones e insultos.
Lostau decidió expulsar a los 22 minutos del primer tiempo a Voller y a Rijkaard, al momento de irse el defensa holandés volvió a escupir al alemán, el cual no lo podía creer, pero aguantó el insulto y se retiró del campo sin hacer más problemas.
Tras eso el fútbol volvió a aparecer en cierta medida. El primer tiempo terminó cero a cero, sin embargo en la segunda mitad Alemania salió con más ganas y logró la ventaja. Un centro realizado por Buchwald desde el lado izquierdo fue impactado con sutiliza por Klinsmann, logrando el 1-0 y desatando la alegría germana.
Holanda no encontraba el rumbo, Gullit y Van Basten trotaban en la cancha y no lograban inquietar a Illgner, por lo que no extrañó la estocada final efectuada por Brehme con un tiro preciso, el 2-0 era insuperable.
Un penalti de último momento a favor de los tulipanes convertido por Koeman no sirvió para cortar la celebración alemana. Dejaban atrás a uno de sus mayores rivales y obtenían el pase a cuartos de final, logrando un tranco que no terminaría hasta obtener la Copa del Mundo ante Argentina.